dilluns, 19 de març de 2012

Living las Fallas


No es fácil ser un caracol en fallas; bueno ni en fallas ni en ninguna otra fiesta: otra vez vuelve a meter en la maleta cosas p'arriba y p'abajo para en realidad descubrir que lo que necesitabas realmente se ha quedado allí. En fin, pero todo vale la pena por volver a notar el aroma de la pólvora y la música por las calles. He de reconocerlo, soy valenciana hasta la médula, porque cuando estoy en casa (que estos días es más bien poco) y oigo de lejos que alguna banda de música se acerca se me ponen los pelos de punta!!!!!
Siempre recordaré la primera vez que no pude vestirme de fallera. Tenía 8 años y el vestido se me había quedado pequeño, y mi madre decidió esperar un año para hacerme uno nuevo por si crecía más. Me pasé los 4 días de fallas en casa llorando cada vez que oía la música o que veía a alguna niña de mi edad vestida de fallera...jajajajajajaj, pobrecita demí, !qué bonita es la inocencia!
Las fallas son unas fiestas que se te meten por todos los poros de la piel, el colorido de trajes y monumentos, el olor de pólvora y flores, el sonido de la música y los petardos, y como no, el sabor de las paellas, buñuelos, etc, etc, etc. Es muy difícil entenderla si no se viven alguna vez.
De todas formas estas cosas son las que me recuerdan que me estoy haciendo mayor. Llevo tres días de fiesta y hoy parece que me haya pasado un camión por encima (y eso que me he levantado casi a las 4 de la tarde), y es que los cuerpos, a cierta edad, ya no son lo que eran.

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