dijous, 5 de juliol de 2012

Volver

 

Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.

Siempre me ha gustado esta canción del gran Gardel, y es que, la vida, o al menos la de los caracoles interinos, es un continuo volver.

Con el curso terminado, he vuelto a casa, y a pesar de ser mi casa, y de tener ganas de volver, después de haber compartido piso y habitación durante meses con compañeras de trabajo y amigas (mis queridas I. y S.), ahora me parece especialmente vacía.

Otra vez toca volver a ordenar las cosas, habituarse de nuevo a la cama propia, a clasificar, seleccionar y descartar tooooodos los papeles y documentos acumulados durante el curso, etc.
Y de aquí nada habrá que volver a habituarse a un nuevo centro, nuevos compañeros, nuevos lugares, y probablemente nueva ciudad. Y es que, pasa el tiempo, y cuando uno mira a trás se da cuenta de todos los compañeros que se han ido quedando por el camino.

Llegas nuevo a un centro, conoces a gente con la que convives y trabajas durante, al menos, un año y después, cada uno vuelve a su realidad, y aunque uno intenta mantener el contacto, con el tiempo cada uno sigue su camino y la amistad, que en un momento parecía eterna, se reduce a alguna comida o algún mensajito, suerte que ahora con el whatsapp todo es más fácil.

Y a pesar de los años que llevo en esto, no logro habituarme a las despedidas de cada año, decir adiós a quiénes han sido tus amigos, compañeros, alumnos... a volver a hacer las maletas cada año, y con la casa a cuestas, recordar que eres un caracol.

Aunque también es cierto que los buenos momentos vividos, quedarán ahí, en ese lugar donde las polillas del paso del tiempo no tienen acceso, y que formarán parte el día de mañana de nuestras mejores historias para contar: "cuando yo estuve en Calpe..."

Así que ahora, en la complicidad de la noche, voy a pedir un deseo: VOLVER, volver a encontraros de nuevo en alguna parte de este camino, la vida.

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